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Enfermedades relacionadas con la obesidad

Un grupo de profesionales de la salud estudió, basándose en 180 voluntarios mendocinos, los factores involucrados en ese mal. Cuidar la alimentación. El crecimiento del sobrepeso y la obesidad en la población mundial ha encendido todas las alarmas, a tal punto que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha afirmado que en el 2015 habrá 2.300 millones de personas excedidas de peso en el mundo, en lo que muchos llaman la “gran epidemia del siglo XXI”. A estos problemas de nutrición suelen asociarse enfermedades como la diabetes o la hipertensión, pero ahora también deberíamos asociar el cáncer. El Laboratorio de Enfermedades Metabólicas y Cáncer de la Facultad de Farmacia y Bioquímica de la Universidad Juan Agustín Maza fue creado en el 2007. En ese año, un grupo de profesionales de la salud inició una profunda investigación para determinar la relación existente entre la obesidad y el cáncer de próstata. El doctor Rafael Pérez Elizalde (codirector de la investigación) cuenta que la idea de este proyecto surgió a fines del 2006, cuando “la doctora Constanza López Fontana, que es nutricionista, nos reunió porque a ella –como a nosotros– le preocupaba ver que cada vez había más pacientes obesos y con cáncer, por lo tanto teníamos que investigar esa relación”. Lo primero que hicieron fue buscar voluntarios, de 45 a 75 años, que tuvieran sobrepeso u obesidad. “Teníamos dudas de si íbamos a encontrar voluntarios con esas características, pero lo extraño fue que era muy difícil encontrar hombres con un peso normal en ese rango de edad”, revela Pérez Elizalde. Tardío y más agresivo El doctor Daniel López Laur, director de esta investigación, afirma que el cáncer de próstata en los pacientes obesos tienen dos características preocupantes: suele detectarse tardíamente y es muy agresivo en su evolución. Los hombres saben que el resultado del análisis del antígeno prostático puede sugerir o hacer sospechar al médico la posibilidad de cáncer, pero en los pacientes obesos este índice suele presentarse normal o incluso más bajo. ¿Por qué? Por un fenómeno denominado “hemodilución”. En el caso de los hombres excedidos de peso, es mayor la cantidad de tejido adiposo, tienen mayor volumen sanguíneo, etcétera, y esto hace que el valor de la proteína que libera la próstata quede diluido y por eso pueden aparecer valores normales cuando el paciente ya tiene cáncer. “Al estar diluido, teníamos que buscar una relación para ver cuál era el valor real de ese PSA (antígeno prostático específico, por su sigla en inglés), que es el marcador tumoral en sangre, para evitar que cuando se llegue al diagnóstico sea demasiado tarde”, agrega Pérez Elizalde. López Laur recuerda que enfermedades como la diabetes, la hipertensión o el colesterol forman parte del denominado “síndrome metabólico” y “ese es el grave problema que hoy tiene la sociedad. Yo creo, en lo personal y es lo que intentamos ver con este estudio, que es una enfermedad pretumoral, precancerosa, sobre todo en los que tienen altos niveles de colesterol”. Alimentación bajo la lupa El bioquímico Nicolás Di Milta afirma que el estudio de la relación entre colesterol y cáncer es relativamente nuevo, pero que incluso en esta investigación se ha visto que las personas que tienen colesterol elevado presentan tumores más agresivos y más metástasis. Se está analizando si podría incidir en la aparición del tumor, lo que sí se sabe es que afecta su progresión. En el caso específico del cáncer de próstata, el colesterol funciona como un sustrato para formar la testosterona y además tiene una función muy importante en la membrana plasmática de las células, donde se encuentran los “raft lipídicos”. Estos favorecen que las células incorporen señales de crecimiento, que hacen que se multipliquen más rápido y, por lo tanto, el tumor crezca a mayor velocidad. Por eso es esencial en estos pacientes bajar los índices de colesterol y en esta investigación confirmaron que cuando el tumor “consumía” colesterol se mostraba más activo, cuando en caso contrario se presentaba estable. Otro tipo de estrés A la luz de ciertas explicaciones de la bioquímica Ana Laura Uvilla, se puede inferir la importancia de mantener buenos hábitos alimentarios, quizá la herramienta de prevención más cercana a todos, pero paradójicamente, una de las más complejas de revertir. “Normalmente, nuestro organismo mantiene un equilibrio entre el llamado ‘estrés oxidativo’ y los antioxidantes que lo balancean. En patologías como la diabetes, el síndrome metabólico y el cáncer, se ha perdido ese equilibrio, por eso lo que aquí estamos estudiando tiende a determinar cuáles son las mejores defensas antioxidantes. En los análisis de laboratorio hemos encontrado que los pacientes con cáncer tienen su poder antioxidante disminuido”. Y es entonces cuando los alimentos y bebidas que ingerimos adquieren relevancia. Diego Messina y Catalina Soto Farrando son quienes estudiaron los hábitos alimentarios y de vida de los 180 voluntarios mendocinos. El cuestionario incluía preguntas sobre lo que comían en el día, cuántas veces y en qué cantidad, y todos estos datos se trasladaron a cifras, desde el perímetro de cintura, peso, hasta valores de alcohol, grasas o hidratos de carbono. Por eso pudieron concluir que los pacientes que presentaban menos riesgos de contraer cáncer habían consumido ciertos alimentos, como el tomate o consumían bebidas como café, mate y vino tinto (ver recuadro aparte), todos ellos con un fuerte poder antioxidante. En contrapartida, los que presentaban mayor riesgo habían consumido mucha carne roja. A futuro También la predisposición genética es un factor que no han querido dejar de lado en esta investigación, trabajando con el Instituto de Genética de la Facultad de Ciencias Médicas (UNCuyo). Carla Corte explica que el objetivo es crear un banco de ADN con los pacientes de alto riesgo o con cáncer de próstata. Uno puede imaginar lo que significaría, por ejemplo para un joven de 20 años, saber que genéticamente tiene una predisposición al cáncer, para que a tiempo puede adoptar las medidas de prevención necesarias.