Cargando...
Para cualquier persona sana, la sed es una guía adecuada para tomar agua, excepto para los bebés, los deportistas y la mayoría de las personas enfermas y ancianas. En estos casos conviene programar momentos para ingerir agua, ya que la gran demanda y los mecanismos fisiológicos que determinan la sed en estas situaciones pueden condicionar desequilibrios en el balance hídrico con importantes consecuencias para la salud o el rendimiento físico o intelectual. Nuestro organismo posee una serie de mecanismos que le permiten mantener constante el contenido de agua, mediante un ajuste entre los ingresos y las pérdidas. El balance hídrico viene determinado por la ingestión (agua de bebida, líquidos, agua contenida en los alimentos) y la eliminación (orina, heces, a través de la piel y de aire espirado por los pulmones). El fallo de estos mecanismos y las consiguientes alteraciones del balance acuoso, pueden producir graves trastornos capaces de poner en peligro la vida del individuo. Los factores que van a modificar las necesidades de líquidos son principalmente: la edad, la temperatura ambiental, la función renal, la función digestiva, el consumo de fármacos, el ejercicio físico, estrés, embarazo, maternidad y nivel de actividad diaria. ¿Cómo afecta la deshidratación en nuestra vida cotidiana?: Puede influir adversamente en la función cognitiva, influyendo en una función mental disminuida. Puede influir adversamente sobre el trabajo aeróbico. Puede elevar la temperatura corporal durante el ejercicio físico (del orden de 0.1-0.23 grados centígrados). Recomendaciones: En condiciones normales realizar una toma de líquidos de 30 ml x peso en kg. Ejemplo  para una persona que pesa 80 kg., se le recomendarían 2,4 litros/día. La ingesta de líquidos siempre es porporcional a la ingestión energética, del orden de 1ml por cada kilocaloria ingerida, sin estar en un proceso infeccioso que curse con fiebre, vómitos o diarrea. Una correcta hidratación la podemos conseguir mediante nuestra alimentación y el uso de agua u otras bebidas. Aunque el agua es la bebida por excelencia y representa la forma ideal de reponer nuestras pérdidas e hidratarnos, debemos de ser conscientes de que, desde el principio de los tiempos, hemos buscado otras fuentes de líquidos con capacidad de hidratación. En las últimas décadas ha aumentado el consumo de diferentes bebidas, proliferando las bebidas con azúcar. Dado que el consumo excesivo de azúcar se ha relacionado con la obesidad y otras enfermedades crónicas, es evidente que debe racionalizarse el uso de estas bebidas calóricas especialmente en niños. Un modelo adecuado de ingestión de bebidas, sería aquel donde predominase la ingestión de agua potable e infusiones y donde el resto de bebidas no contribuyese con más de un 10% a las necesidades energéticas diarias. Fuente: Revista Nutricón Hospitalaria (http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112011000100003)