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En nuestro mundo, mil millones de personas pasan hambre y otros mil millones sufren obesidad. El mundo produce más comida que nunca, pero 25000 niños mueren de hambre cada día. La paradoja del hambre y de la obesidad en el mundo tienen un origen común: el beneficio de algunos pocos. Hoy 16 de Octubre, Día Mundial de la Alimentación, no debemos olvidar que el mundo produce cada año el doble de alimentos de los que necesita. Las grandes corporaciones alimentarias gestionan los precios de compra a la baja, especulan en futuros de precios de alimentos y almacenan grandes reservas para elevar el precio a la venta. En el último año, el trigo y el arroz han duplicado su precio de venta a la población en el tercer mundo. Algunos fondos soberanos árabes están comprando tierras fértiles en países con hambruna crónica como Somalia o Mali para cultivar y garantizar la alimentación de sus ciudadanos, pagando de forma mísera a los lugareños. Los agricultores de los países subdesarrollados y en vías de desarrollo sufren la corrupción, las guerras y la especulación de compradores que pueden no comprarles nada de sus cosechas si no rebajan el precio. Otros lo venderán más barato. A 3 horas de avión, en Suiza, 4 ó 5 multinacionales alimentarias y farmacéuticas se reparten el jugoso pastel de la sobrealimentación. Compran maíz a coste ínfimo en Brasil y lo venden como “barritas para regular el sobrepeso” a precio estratosférico en todo el mundo desarrollado. Una de ellas compra el cacao a un precio ridículo en África, es conocedora de que si sube un 5% las grasas vegetales en sus chocolates, el vecino aumentará un 2,5% sus ventas de fármacos para adelgazar. Sus consejos de administración tienen miembros comunes… Lo curioso es que el ciudadano de a pie del mundo occidental sigue cayendo en la trampa una y otra vez. Comemos lo que nos dan, no lo que queremos comer. El 60% de los pacientes operados en IntraObes por obesidad toma al menos 1 litro de cola al día. Eso sí, Light. Pero la mayoría no comen pan, ni fruta, porque engordan… El 65% de nuestros pacientes refiere antes de que trabajemos con ellos que no comen arroz, pastas ni legumbres habitualmente porque “engordan”. Pero se compran barras energéticas de 1,5-3 € cada una que llevan arroz prensado y menos del 8% de cacao. Hace 50 años, en España ser obeso significaba ser rico. Ahora la obesidad se asocia a niveles socioculturales bajos. Probablemente las mismas medidas que nos ayuden a corregir la obesidad en el primer mundo nos ayudarán a tratar las hambrunas crónicas en los países subdesarrollados. La educación, la solidaridad, la sostenibilidad de nuestros cultivos y de nuestros canales de distribución alimentaria y la exigencia de estándares de rigor sanitario ajenos al negocio alimentario pueden corregir estos problemas. No sólo está mal comprar una zapatilla hecha por un niño esclavo, también tomar el chocolate que ha recolectado. Y de eso nadie dice nada. Pensadlo. Miguel Ángel Escartí Cirujano Bariátrico