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El arsenal terapéutico para luchar contra la obesidad se reduce. Esta semana la compañía farmacéutica Sanofi-Aventis anunciaba la suspensión de todos los ensayos clínicos con rimonabant, comercializado como «Acomplia». La decisión de la empresa llega después de que la Agencia Europea del Medicamento pidiera la suspensión del medicamento porque los riesgos superaban los beneficios. Esos efectos están relacionados con trastornos en el estado de ánimo, depresión y pensamientos suicidas.

Cualquier persona que intenta perder peso, sea con dieta o ejercicio físico, puede sufrir alteraciones en el estado de ánimo. Pero los efectos encontrados en los pacientes que tomaban el fármaco parecen más frecuentes y severos, según se ha comprobado en los estudios que permanecían abiertos tras su comercialización. Tras la revisión de todos los datos se confirmó que duplica el riesgo de trastornos psiquiátricos.
No es el único fármaco «antiobesidad» que se queda en el camino. Tampoco han superado las exigencias, principios de otros laboratorios con un mecanismo de acción similar, como el «taranabant» de MSD o la molécula «antiobesidad» de Pfizer.

Inhibidor del apetito
Su éxito y su fracaso está en su mecanismo de acción. Actúan sobre los receptores cerebrales del apetito, que son los mismos que estimulan la sensación placentera en los fumadores de marihuana. Se convierten en inhibidores del hambre, pero con un efecto perverso en el estado del ánimo. Esos efectos se conocían casi desde el principio. De hecho, el prospecto del medicamento había sido endurecido en varias ocasiones desde que apareció en el mercado para que la etiqueta advirtiese a los usuarios del posible riesgo de depresión.
Rimonabant era alabado porque lograba pérdidas de peso apreciables y mantenidas en el tiempo, además de una mejora sustancial en los factores de riesgo cardiovascular. Estos beneficios sólo se lograban si el tratamiento se acompañaba de los tres pilares de la lucha de la obesidad: dieta, ejercicio y cambios saludables en el estilo de vida.

Su retirada temporal ha sido interpretada como una «grave pérdida» por expertos en obesidad. En las farmacias hoy sólo sobreviven dos medicamentos para combatir el exceso de peso: orlistat («xenical») y sibutramina («reductil»), con mecanismos de acción diferentes. «Ojalá tuviéramos una treintena de fármacos similares para combatir esta epidemia del siglo XXI», apunta Basilio Moreno, jefe de la Unidad de Obesidad del Hospital Gregorio Marañón, de Madrid.

Lograr fármacos seguros y eficaces contra la obesidad no es un empeño fácil y la historia se empeña en recordarlo. Pese a los empeños por la industria, la obesidad es un problema demasiado complejo. Es nuestro instinto de conservación. «El organismo está preparado para comer y sentir placer por los alimentos. Todo está diseñado para que siga ocurriendo de forma espontánea y para que nada nos despiste en este objetivo. Si alteramos aspectos relacionados con el gasto energético o con la inhibición del apetito, puede que actuemos sobre otros aspectos que no deberíamos tocar». recuerda Josep Vidal, coordinador de la Unidad de Obesidad del Hospital Clínic de Barcelona. En este centro se está probando el tungstato sódico, -una sal extraída de un metal- que podría actuar sobre el control del gasto energético. El estudio en voluntarios está a punto de terminar y los primeros resultados se tendrán a primeros de año.

Fuente: ABC